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Edición semanal Lunes, 10 de marzo de 2025 Núm. 412 · Vol. VIII Verificadas · 18 esta semana
Lunes, 11 de noviembre de 2024 · Madrid Edición Nº 412 · Verificadas · 18 esta semana
Memoria / Sucesos / Territorio

La última vendedora de lotería del mercado de San Felipe: tres generaciones, una acera y el rumor que se llevó la lluvia

En una esquina de Guadalajara que los planos oficiales ya no dibujan, Lucía Trejo atiende el mismo puesto donde aprendió a contar billetes con su abuela. Lo que ocurrió el 28 de octubre — cuando once clientes dijeron haber visto lo mismo — reabre un caso que la prensa local archivó hace cuarenta y un años.

Lectura: 14 min

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El 28 de octubre, a las 16:47 — lo sabemos porque la cámara del semáforo de la calle Sebastián Allende guarda la hora exacta — once clientes del puesto de lotería de Lucía Trejo dijeron haber visto lo mismo: una mujer joven, delgada, con un abrigo verde que nadie más recordaría haber visto jamás, recogiendo un boleto del suelo sin pagar. Cuando Lucía quiso señalarla, ya no estaba.

"Yo no me asusto fácil", dice Lucía mientras ordena, con la calma heredada de tres generaciones, los billetes del sorteo de este sábado. "Aquí he visto borrachos, he visto enamorados, he visto gente llorando porque le salió un reintegro. Pero esa chiquita se la llevó la lluvia. Eso no se me va a olvidar."1

El Mercado de San Felipe — "San Feli", como lo llaman quienes crecieron comprándole naranjas a doña Carmen — ocupa una manzana entera del barrio de Analco, al sur del centro histórico de Guadalajara. Aunque los planos catastrales de 2023 todavía lo dibujan, las guías turísticas y los portales inmobiliarios llevan años borrándolo de sus listas. En su lugar se menciona un espacio "en proceso de rehabilitación" que nadie termina.

Lo que ocurrió aquella tarde no fue, en sentido estricto, un misterio. Tampoco un delito. Fue algo más difícil de nombrar: una coincidencia precisa entre once testigos que no se conocían entre sí y que, sin embargo, contaron la misma historia — el abrigo verde, el boleto recogido, la desaparición — con una sincronía que asombra incluso a quienes llevan décadas escuchando relatos en este mercado.2

La acera donde se aprende a contar

Lucía llegó al puesto en 1962, cuando tenía nueve años. Su abuela, Eduviges Trejo, llevaba desde 1936 atendiendo ese mismo pedazo de acera — el que queda entre la frutería de los Quintero y la entrada lateral de la Capilla de San Felipe. "A mí me enseñaron dos cosas", explica Lucía, y enumera con los dedos: "A saber sumar sin calculadora, y a no preguntar nunca de dónde viene la gente que viene a comprar un boleto".

Ese aprendizaje se transmite de manera casi idéntica en las otras doscientas catorce familias vendedoras de lotería que quedan en la Zona Metropolitana de Guadalajara, según el padrón de la Lotería Nacional.3 Pero solo en San Feli la acera se ha mantenido en la misma familia durante tres generaciones consecutivas. Es una rareza que los etnógrafos urbains llevan años documentando y que, ahora, parece a punto de terminar.

Detalle del puesto de lotería con billetes de colores apilados y monedas sobre la madera gastada.
El puesto, visto desde la acera: 1,80 metros de tabla, dos termos de atole, 4.200 billetes a la vista. Fotografía: Carmen Llovet · Guadalajara, 4 nov 2024

El negocio ha cambiado menos de lo que parece. El juego legal evolucionó, las máquinas reemplazaron los talonarios manuscritos, y la Lotería Nacional redujo a tres los sorteos semanales. Pero la transacción — el cliente se inclina, elige un número, deja el billete doblado en cuatro partes, paga, recibe la copia — permanece idéntica a la de 1936, cuando Eduviges plantó la primera sombrilla en esa esquina.

Lo que vieron once personas

Para reconstruir la tarde del 28 de octubre, Hagalepues entrevistó por separado a los once testigos que dijeron haber visto a la mujer del abrigo verde. Ninguno conocía a los otros, ninguno vivía en la misma calle, y todos tenían occupations distintas: una maestra de primaria jubilada, dos empleados de la frutería contigua, un guardia de seguridad del banco de la acera de enfrente, tres estudiantes de la universidad cercana, un carpintero, una vendedora de tamales y dos clientes fijos que compran su boleto ahí desde hace más de veinte años.

Las once descripciones coincidían al menos en seis puntos:

  1. Joven, entre veinte y treinta y cinco años, delgada.
  2. Abrigo verde largo, sin marca visible, "como de los ochenta".
  3. Recogió del suelo un boleto que se le había caído a un cliente.
  4. Antes de devolverlo, lo dobló con cuidado y lo guardó en el bolsillo.
  5. Lo sacó de nuevo, lo puso sobre el mostrador, y dijo algo — siempre la misma frase, "para el jueves que viene" — que ninguno de los testigos entendió del todo.
  6. Cuando Lucía quiso señalarla, simplemente ya no estaba.

A ese relato común se suman tres detalles divergentes — el color exacto del bolso, la presencia o no de un paraguas, la dirección en que la mujer se alejó — que los testigos aportan con pequeñas variaciones. Esas variaciones son las que, paradójicamente, hacen creíble la coincidencia: cuando once personas cuentan lo mismo con los mismos errores, solemos estar ante un recuerdo real, no ante una invención concertada.4

Y, sin embargo, ningún sistema de videovigilancia del mercado — hay cuatro cámaras activas, dos en la entrada principal, una en la frutería, una en la fachada lateral de la capilla — grabó a esa mujer. Los registros, revisados por un perito forense digital contratado por Hagalepues, muestran únicamente a compradores habituales, a una niña con un globo rojo, y al mismo gato atigrado que duerme en el mostrador del puesto de Lucía.

El caso archivado

"Para el jueves que viene" es una frase que, en Guadalajara, no significa nada. Pero en el archivo del antiguo semanario El Ojo del Baratillo — que se publicó entre 1948 y 1983 — aparece asociada a un episodio que, según nuestros registros, jamás fue recontado: el día en que una vendedora de lotería idéntica a Lucía, setenta y dos años mayor que ella, despidió a una clienta que decía venir "del próximo domingo".

El caso, registrado con el número 318 en el fichero del periodista Teodoro Aldama, contiene una descripción que hemos cotejado con las once declaraciones recogidas esta semana. Las coincidencias son inquietantes. La diferencia, decisiva: en 1983 nadie verificó a los testigos; en 2024 sí.

Lucía, mientras tanto, sigue atendiendo. El sábado anterior a esta conversación vendió 187 boletos; el jueves, 96. Las ganancias, según la propia vendedora, ya no dan para sostener el puesto — pero no es el dinero lo que la retiene.

"Esto es la última cosa que me enseñó mi abuela", dice, y señala la acera. "Cuando yo me vaya, se acaba. Y no quiero que se acabe."


Última verificación: Metodología Testimonio Triangular® · 3 fuentes corroboradas · 11 h 04 min de trabajo editorial
  1. La hora exacta fue confirmada mediante la cámara del semáforo municipal de Sebastián Allende / Analco, cuyo registro fue cotejado por un perito forense digital independiente.
  2. Para una aproximación metodológica al análisis de testimonios convergentes, véase el informe de transparencia 2024 de Hagalepues: edición revisada por pares del European Press Prize 2023.
  3. Padrón de vendedores autorizados de Lotería Nacional, Zona Metropolitana de Guadalajara, corte de octubre de 2024. Solicitud de acceso a la información pública folio 3300-2024.
  4. Sobre el principio de convergencia testimonial: ver nuestra guía editorial Testimonio Triangular®, publicada en /metodologia/, sección "Corroboración de fuentes".
En su propia voz

"Yo no me asusto fácil. Aquí he visto borrachos, he visto enamorados, he visto gente llorando porque le salió un reintegro. Pero esa chiquita se la llevó la lluvia."

Lucía Trejo vendedora de lotería, 71 años
Sobre quien escribe

La cronista y las tres fuentes que triangularon esta historia

Retrato de Mariana Espejel, cronista ciudadana de la red Hagalepues. Verificada

Mariana Espejel

Corresponsal en Jalisco · Red de cronistas desde 2019

Maestra en Antropología Urbana por la Universidad de Guadalajara, Mariana se incorporó a la red Hagalepues como corresponsal en 2019 tras publicar un reportaje sobre los vendedores de lotería del centro histórico. Desde entonces ha firmado 47 crónicas verificadas — entre ellas Las guardianas del atole de Analco (Premio Nacional de Periodismo Digital 2023, categoría Participación) y El último organillero de Tlaquepaque (2022). Trabaja como profesora de tiempo parcial en el CUCSH y documenta mercados tradicionales de la Zona Metropolitana desde 2014.

Crónicas publicadas
47
Años en la red
5
Tiempo medio de verificación
11 h

Fuentes corroborantes · Testimonio Triangular®

Conforme a la metodología editorial de la casa, esta crónica fue corroborada de forma independiente por tres fuentes verificadas, ninguna de las cuales conocía a las otras dos antes de la entrevista.

  • Rosa Trejo Lomelí sobrina de Lucía · familiar de tercera generación del puesto
  • Mariana Quintero Aldana clienta fija desde 1998 · maestra de primaria jubilada
  • Javier Cárdenas Rentería testigo presencial · guardia de seguridad del banco contiguo
La Crónica del Lunes · Boletín dominical

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